Piropos de alto vuelo

octubre 15, 2012 § Deja un comentario

La labor del sepulturero tiene un costado alegre, que es la contemplación de gente que no arruina la primera impresión hablando. Los que tienen cara de inteligentes, pasan por tales sin poder desmentirlo, por ejemplo.

Por supuesto, esto también inspira ardorosos piropos. Así que, recién escarbados de la tierra, totalmente inéditos, llegan:

1. En ese cajón tan acolchonado, te hago cucharita hasta que te deje de crecer el pelo.

2. Si la mortaja está entreabierta, es que tu sed de cariño no está muerta.

3. Quien pudiera ser gusano para acompañarte en la sepultura.

4. Lindas piernas, ¿me las puedo quedar?

5. Ah… ¡con esa mirada perdida me reavivás el deseo de profanar tumbas!

Oda al Tungsteno

mayo 8, 2012 § Deja un comentario

Te conozco desde el filamento, querido Tungsteno.

Me pregunté por qué no te quemabas, por qué resistías,

una resistencia justa, tampoco excesiva,

para que los electrones te recorran, iluminando.

Me enteré que en otro tiempo te llamaste Wolframio,

¿anduviste en cosas raras, en algo extraño?

Quizás por viles disputas, huiste, cambiando

en el viaje

tu nombre.

Sólo el Carbono te supera, en su punto de fusión,

¿otra vez tu resistencia?

Fruto de la covalencia,

en los prolijos enlaces, que cierran la capa.

Impenetrable,

más dura que el acero.

Pero sin toxicidad.

Por eso te queremos, Tungsteno,

vengas de China, Portugal o la fría Rusia,

te preferimos a tu vecino Molibdeno.

Y en estos días, donde nos abandonan los filamentos,

no nos desesperamos, y miramos, esperanzados,

el lugar de reencuentro: nuestros circuitos integrados.

 

Telúrico # 1

abril 26, 2012 § Deja un comentario

El medio de la pampa profunda, pretérita.

De escasos arboles e interminables gramíneas, antes de la invasión.

Un gaucho, a caballo, galopa por una huella que a duras penas se adivina, tan escaso es el tránsito. En dirección perpendicular, una carreta de dos caballos manejada por un anciano. Dentro de la cabina, cuatro hombres.

Intercambian los saludos de rigor, y el gaucho se muestra sorprendido por el grupo que viaja desde la nada hacia un destino igualmente desconocido. Además, llevan muy pocas provisiones. Temeroso de que sean apariciones, el gaucho se aprieta un huevo y palpa el crucifijo.

En ese momento, los 4 hombres de la cabina bajan, se ponen en fila, se quitan los sombreros, se alisan el frac y declaman solemnemente:

“El gaucho tiene la pampa.

La pampa tiene el ombú.

No sé que tenés vos.

Pero te vamos a ensartar,

sin prisa ni pausa te vamo’ a dar.”

Para los últimos dos versos, se había perdido la solemnidad y lo cantaron a un ritmo casi carnavalesco.

En ese momento, el caballo del gaucho se sentó sobre sus patas traseras, recogió la pava de su espalda, el mate, se cebó un cimarrón y mirando con desaprobación al grupo les dijo con equina voz:

“Al patriarca de Constantinopla,

cuando andaba de falopa,

le quedaba seca la manopla.”

Aprovechando la perplejidad que generó la réplica en el grupo, el gaucho le clavó el facón al viejo, y los cuatro solemnes se convirtieron en espantapájaros.

Poesía*

febrero 26, 2012 § Deja un comentario

Anoche mientras dormía,

soñaba con tus caderas.

Amanecí entumecido,

sentado en la escupidera.

*Esta bella poesía no es de mi autoría,

Pero pensé que igual aquí postearla podría.

Porque si bien no fui yo el chabón que la escribió,

¡pue ‘eso vale mierda, bastante me gustó!

¿Dónde estoy?

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