Allá afuera

enero 25, 2016 § Deja un comentario

Es la última noche, llegó el momento de escapar. Hace mucho tiempo, seguramente meses, quizás años o incluso décadas que están encerrados. Marcelo y Valerio piensan en cruzar la puerta en el momento justo y nunca más volver a pisar una cárcel. Volver a vivir.

La fuga viene funcionando, pero en el momento clave, la corrida de 400 metros entre la puerta y la valla perimetral, alguien los ve. Un guarda que estaba meando entre los arbustos, que no tenía ningún puto motivo para estar ahí, piensa Marcelo.

– No me discutas. Corré. Cuidala a Claudia. Yo me ocupo de este.

Valerio entiende y corre, casi que no llega a escuchar el final de la frase. Escapa. Marcelo se tira encima del guardia y forcejean, hasta que recibe un par de bastonazos y, para terminar de domesticarlo, balazos en las piernas. Termina la noche en la enfermería.

Pasan los días. Al menos Valerio escapó, piensa. Pero no lo consuela la idea, un conocido circunstancial de la cárcel, unido por la necesidad de escapar, nada más. Durante días se cuestiona su acción. No sólo se quedó adentro, sino que le dicen que es probable que no vuelva a caminar.

Casi un mes había pasado cuando escucha rumores de la vuelta de Valerio. Todavía está en la enfermería así que no lo puede confirmar, hasta que le llega un papel que dice “Acercate a la ventana 7, la que está pintada de azul, alta, cerca del techo, a las 14.37“.

– ¿Estás ahí? – Escucha a la voz de Valerio preguntar desde el otro lado de la ventana a las puntuales 14.37.

– Sí, ¿qué hacés acá? ¿cómo te agarraron? ¿pudiste hablar con Claudia?

– Vamos por partes. De Claudia me habías dado un teléfono, pero la memoria me falló. Así que no me iba a poner a buscar entre todas las millones de Claudias…

– Mirá que sos boludo, es fácil el número. Pero aparte te dije la calle, el apellido…

– Me parece que no amigo, en cualquier caso, no la contacté. Pero no me acerqué por eso, me acerqué porque quería decirte…

– ¿Decirme qué, infeliz?

– Que no se está tan bien allá afuera. La verdad es que no sabía que hacer. Por eso volví.

 

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