Friedrich August Kummer

mayo 23, 2015 § Deja un comentario

Friedrich August Kummer tiene una reputación en la historia del violoncello como intérprete virtuoso, profesor y autor de numerosas piezas de enseñanza para el cello. Nació el 5 de agosto de 1797 en Meiningen, Alemania. Su padre, que tocaba el oboe, fue invitado a la capilla de la corte de Dresde, hacia donde se mudó la familia. Cuando en 1811 llegó Dotzauer a esta ciudad, Kummer se convirtió en su alumno. También recibió clases de Bernhard Romberg que frecuentemente brindaba conciertos en Dresde.

Para la temporada de 1812/1813, Kummer ya tocaba el cello en los ensayos de la orquesta de la ópera como aprendiz, y al año siguiente fue aceptado en la capilla de Dresde. Sin embargo, comenzó su carrera ejecutando el oboe (que había estudiado antes que el cello) puesto que no había vacantes para un cello. Poco despúes, Carlos María von Weber estuvo en Dresde supervisando el funcionamiento del teatro real de ópera, y se interesó mucho por el joven Kummer, que en consecuencia paso a ser cellista en la orquesta del teatro (alrededor de 1814).  La combinación entre un estudio intenso y el talento natural hicieron que rápidamente Kummer fuese reconocido con un intérprete de primer nivel.

Kummer además de la orquesta se destacó como músico solista, no sólo en Dresde, sino también en Leipzig, Berlín, Weimar y Rudolfstadt en Alemania; y otras ciudades europeas como Viena, Praga, Milán y Copenhagen. En Viena, durante las décadas de 1820 y 1830, era uno de los cellistas más reconocidos, junto a Bernhard Romberg.

En 1838, Robert Schumann escuchó a Kummer en un cuarteto en la Gewandhaus de Leipzig, donde tocaba junto a Pierre Baillot (primer violín), Karol Lipinsky (segundo violín) y Felix Mendelssohn (viola).

Después de 1840, Kummer dejó de realizar giras prolongadas, puesto que asumió mayores responsabilidades en la orquesta de la corte de Dresde. Sin embargo, mantuvo la costumbre, común en el período, de tocar como solista en los interludios de las óperas. Si dice que la opera La Donna Colonnello de Pietro Raimondi fue “salvada” por los músicos de Dresde, entre ellos Kummer y el violinista Antonio Rolla.

Kummer también se destacó como concertista de cámara. En Dresde tocaba en un cuarteto junto al director y violinista Franz Schubert, Karol Lipinsky, y B. Miller. Su repertorio se componía de piezas de Haydn, Mozart y Beethoven, incluyendo sus últimos (recientes para la época) cuartetos.

Diversos críticos alabaron la calidad del cuarteto, liderado por Lipinsky, destacando la excelencia técnica, la gran expresividad y su fidelidad a un estilo propio.

Junto a Schubert, Kummer en varias ocasiones tocó en conciertos en dúo, muy bien recibidos por la audiencia. También toco dúos junto al violinista ruso Aleksey Lvov.

En 1850, reemplazó a Dotzauer como violoncellista principal de la capilla de la corte, puesto que retuvo hasta 1864, cuando se retiro tras festejar sus cincuenta años en la orquesta. Kummer murió el 22 de agosto de 1879 en Dresde.

Tras su visita a la ópera de Dresde en 1858, Alejandro Serov escribió encantado sobre su orquesta, remarcando que “el famoso Kummer toca el violoncello”.

En 1856, abrió el conservatorio de Dresde. Kummer fue invitado a ser el profesor de la clase de cello, puesto que mantuvo hasta su muerte. Entre sus alumnos estaban sus hijos Ernst y Max, Bernhard Cossmann, Justus Goltermann, Arved Poorten, Richard Bellmann y Robert Haussmann.

Se dice que Kummer tenía un notable manejo de las posibilidades del diapasón, y una expresión poderosa y bella. Los rasgos más destacados de su estilo, influenciado por Romberg y Dotzauer, eran la nobleza, la falta de un exceso de afectación y amaneramientos, y la aspiración a lograr compenetrar el espíritu de la pieza ejecutada. Su estilo podía parecer excesivamente rígido y académico, pero nunca dejaba de ser sencillo y natural, manteniéndose dentro de los límites dados por la naturaleza del instrumento.

K. Milititz, un cellista y crítico musical, señalaba a Kummer como ejemplo de la forma alemana de tocar: la nobleza, seriedad y solidez. Otro crítico dice que “Kummer es notable por su compostura mientras realiza grandes muestras de virtuosismo. Pero lo más destacable es su capacidad de generar y transmitir el espíritu elegíaco de algunas piezas”.

E. van der Straeten considera que Kummer es uno de los grandes violoncellistas de su época, y que hizo una contribución al desarrollo y refinamiento de la ejecución del cello. Según van der Straeten, su estilo clásico y virtuoso eran lo más destacable de su estilo, que nunca incluyó las técnicas de arco más ligeras y brillantes de las escuelas francesa y belga.

Wilhelm Wasielewski hizo un comentario similar: “El estilo de tocar de Kummer tenía una gran precisión y corrección, unido a una entonación sólida y poderosa. Su técnica estaba trabajada en cada punto, pero para lograr la sutileza de un virtuoso le faltaba complejidad, su personalidad era demasiado sencilla, más apropiada para concentrarse en los aspectos intelectuales y en una interpretación objetiva y de acuerdo con las reglas que en un brillante despliegue”.

El punto de vista de Kummer, como intérprete, sobre los objetivos del virtuoso, es característico:  “La misión del virtuoso es insuflar vida y alma en un cuerpo que el compositor ha creado del sonido. La fuerza que lo ayuda a esto es el artista mismo, es el producto de sus sentimientos y se manifiesta en su máxima pureza y nobleza sólo cuando emana en su simpleza natural, sin adornos”. Kummer advertía a sus alumnos sobre el uso excesivo de medios de expresión como el vibrato, portamento y rubato, sin dejar de reconocer que eran herramientas importantes. 

A juzgar por su “Método para Violoncello” publicado en 1839, el principal objetivo de aprender el cello, de acuerdo con Kummer, era conseguir un tono completo y poderoso, pero no rígido. Enfatiza la expresividad del instrumento: “dado el hermoso sonido del cello, su característica más notable es la influencia sobre la mente y el corazón, pero sólo cuando es usado con la mente y el corazón. En cuanto a la intensificación y modificación de sonidos, que es la base para las melodías, debemos seguir el ejemplo de un buen cantante. La ejecución debe ser simple y natural, se debe evitar sobrecargarla con adornos. Varias notas tocadas en el violoncello pueden tener un mayor efecto que pasajes numerosos y difíciles”. El método de Kummer ofrece una imagen de posición del instrumento similar a la de Dotzauer, pero más natural, aunque el codo bajo sigue siendo característico (no tan bajo como Romberg, pero más que Dotzauer). Esta posición era típica de la escuela alemana del cello, al menos hacia mediados del siglo XIX, donde también se la encuentra en el método de Sebastian Lee, publicado en 1845.

Kummer estaba interesado en desarrollar una posición y movimientos naturales. Consideraba más relevante la libertad de movimiento de los dedos sobre la nuez más importante que la fuerza de la presión. 

Enfatizando que los golpes de arco influían sobre el espíritu de la pieza siendo ejecutada, sugería que sus alumnos siguieran la regla de tirar del arco en el primer tiempo del compás, aunque especificaba excepciones a esta regulación. Si bien desarrolla menos variantes de golpes que Dotzauer, los golpes de Kummer están más cuidadosamente seleccionados y ordenados, además de darle atención a la distribución del uso de arco.

Kummer arma las posiciones para la mano izquierda sobre la base de la escala de do mayor (en cambio otros, como Davydov, basan las suyas en la escala mayor diatónica de cada cuerda). En la escala cromática, los movimientos de dedos de Kummer, como los de Dotzauer, son más avanzados que los de Romberg. Kummer da las posiciones de los dedos para todas las escalas, en tres octavas; dedica una escueta sección a las dobles cuerdas y presenta tabla de todos los armónicos naturales y artificiales.

El material musical del método de Kummer es más interesante que el de Dotzauer y se presenta acompañado de un segundo cello. Las melodías-estudios (Op. 67-69) tienen un estilo romántico (símil Mendelssohn, Spohr). Además, Kummer sugería como material adicional los estudios de Dotzauer y Merk, los caprichos de Franchomme y los ejercicios diarios de Grutzmacher.

Además del método, Kummer también compuso ejercicios diarios (op. 71 y 125), duetos para ser tocados de vista y numerosos estudios acompañados por un segundo violoncello (op. 57 todavía retiene un valor pedagógico). Kummer utilizó una forma interesante en su material de estudio: pequeñas piezas de partes orquestales más complejas.

Sus conciertos para cello, hoy anacrónicos, reflejan las tendencias románticas de su período. Entre ellas estaban un Concierto, un Concertino en la forma de una escena vocal, el Souvenir de Suiza, Konzertsfick para dos cellos, la Fantasía sobre temas de la ópera Roberto el diablo de Meyerbeer y variaciones en temas de Romeo y Julieta de Gunoud. Kummer también escribió piezas sobre canciones folclóricas rusas, checas, húngaras y escocesas, sin dudas siguiendo el ejemplo de Romberg. Entre sus contemporáneos, especialmente los cellistas amateur, tuvieron gran interés sus arreglos para las lieder de Schubert.

La escuela de violoncello de Dresde fue continuada en la segunda mitad del siglo XIX por Friedrich Grutzmacher.

La información presente es básicamente una traducción de lo disponible en: http://www.cello.org/heaven/bios/dresden/dresden.htm

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