Regreso

noviembre 18, 2012 § Deja un comentario

De fondo, un piano suave pero tocando una melodía veloz y a volumen creciente, quizás el crescendo de alguna pieza clásica.

Y ahí la veo. Grande, hermosa, con sus curvas perfectas: ni demasiado groseras, ni demasiado sutiles, tampoco uno quiere aburrirse. Imponentemente gris.

A medida que la ruta se transforma en autopista y nos reencontramos, los momentos hermosos vividos juntos vuelven a mi cabeza, se revuelcan, sucios, y me hacen sonreír. Quizás hasta se me pianta un lagrimón.

Entonces aparecen uno a uno los techos abovedados de las grandes distribuidoras, las industrias desdibujadas en el fondo y me relajo, he vuelto al lugar donde todo es posible, donde la cotidianidad no se altera, donde las cosas son como deben ser y seguirán siendo así, donde está mi futuro que no es más que un hoy repetido hasta que me den ganas de irme otra vez y qué estoy haciendo volviendo, ¿por qué no me quedé?

Eso me pregunto en el atasco del kilómetro 41 de la autopista. Todavía faltan 27 más para llegar a casa.

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