La psycho del Burger

octubre 12, 2012 § Deja un comentario

Está sentada. Cada tanto se muerde las uñas. Limpia los anteojos. Las manchas de café secas en el papel de la bandeja evidencian que hace un rato largo que está ahí. La mirada fulminante con la que mira a los ingenuos gnomos que intentan retirar su bandeja cada tanto deja claro que tiene intenciones de quedarse un buen rato más.

Se limpia los anteojos.

Bebe del vaso que sabe vacío.

Mira un celular, que se empeña en no sonar (o eso parece decir su cara).

Se está llevando otra vez el vaso a los labios y en ese instante lo logra: cruza miradas con la estudiante sentada en la mesa siguiente y la saluda. Perpleja, la estudiante responde con un pálido “hola” apenas murmurado. Error, la catarata desborda:

– Sí, te vi que estabas dale que dale estudiando, como estudiaba yo cuando podía estudiar porque en fin, después el estudio viste como es lo terminas dejando cuando vienen los chicos pero no te digo que dejés de estudiar no no no ¿tenés chicos? Porque ahora que pienso mi prima Bibiana  tiene unos mellizos y siguió estudiando igual pero pará, ¿era Bibiana o Claudia?  No sé habría que ver bien pero es importante el estudio yo le digo a los chicos porque los chicos ay para que te voy a contar como me hacen renegar porque si te interrumpo decime pero no sabés lo que son Fabián que es el mayor el que está en cuarto grado y que lo cuido más que nada porque la mamá no está, Clarita, la sobrina de la tía que hace poco parece que se fue del barrio y decía algo de que no quería que lo cuide más porque no sé pero si a mí no me molestan porque son buenos los chicos aunque sean tan movedizos parecen maquinitas porque yo no sé que pensás vos con esto de los robots de los japoneses que hacen todo chiquito todo automático todo con robots y de que va a trabajar uno porque  ¡Ay! ¿Te estoy interrumpiendo? – (al fin había notado la mirada de fastidio y desconcierto) – porque cualquier cosa después la…

– En realidad sí, está muy interesante lo que cuenta, pero estoy preparando un examen -Velozmente baja la mirada y no la saca de los papeles.

– Ay… bien sí, un gusto querida – Hablándole a un cuero cabelludo que la ignora.

Nerviosa, vuelve a limpiar los anteojos.

Vuelve a tomar del vaso vacío

Vuelve a mirar el celular que nunca suena.

Y se pone al acecho, buscando otro inodoro donde largar su diarrea verbal.

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