Burja Kashieka

junio 10, 2012 § Deja un comentario

Bajamos por la senda marcada por el paso del ganado cimarrón, que corre cerca del oleoducto abandonado. Llegamos a la laguna, y encontramos un perro husmeando en el cadáver de una ardilla muerta. Lo llamamos, le ponemos el collar y lo llevamos al campamento.

Una vez que llegamos ahí, lo ahorcamos y trozamos. Por primera vez en meses, esa noche comemos carne.

Rápidamente pasa la felicidad, pues al día siguiente, nos despertamos y vemos que Alicia está muerta. Algo tendría la carne, nosotros nos sentimos incluso peor que de costumbre. Nos quedamos tirados mientras el Guaraní, que se negó de plano a comer al perro, va a buscar algunas hierbas que según dice nos podrían hacer bien.

Juan la señala y todos miramos a Marta, que pone cara de asco al darse cuenta que se está cagando encima sin poder controlarlo. Nos reimos. Decidimos hacer una promesa: si alguno muere antes de que vuelva el Guaraní, los demas lo van a cocinar y comer.

Al rato nos sinceramos entre nosotros: nadie se atrevía a decirlo, pero en el fondo todos creemos que desde hace un tiempo el Guaraní trae mala suerte y que comer carne sin él nos va a venir bien.

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