El lugar del comisario.

mayo 24, 2012 § Deja un comentario

Sirenas. Golpes en la puerta.

Me estallan las tripas. Quizás hasta me cago encima, pero con la suciedad de días que me acompaña es difícil decirlo.

Golpean la puerta salvajemente. Me tapo con un mameluco y me acerco a la mirilla. Efectivamente, policías. Mierda, me encontraron.

– ¡Sabemos que está ahí González, necesitamos hablar con usted! – gritan desde afuera.

Rendido a lo inevitable, abro y antes de que puedan decir o hacer nada, empiezo a explicar:

– Se ofreció a participar del experimento sin que le comentara sobre qué se trataba, solo me dijo que siempre había querido participar de uno. Vi que comenzaba a asustarse cuando entramos al cuarto con la doncella de hierro, pero para ese momento ya se había comprometido, y creo que mi broma sobre la pieza de museo -totalmente funcional- lo tranquilizó. Sí podría asegurar que vi el terror en sus ojos cuando le abrí la frente con un bisturí y le tiré las ratas encima. Me miró sorprendido, sin entender qué pasaba. Obviamente que al rato tenía un cuerpo y lo…

– Perdón… pero yo le iba a decir que tiene el coche estacionado en el lugar de la vereda que es del comisario. Sus fantasías no son problema mío, pajero asqueroso.

Y así fue como confesé mi crimen a la policía y me ignoraron ¿Cómo no entender que me haya volcado a la delincuencia?

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