Perspectiva

“Veía esa mano que se acercaba y me pegaba, me tiraba del pelo. Era doloroso. No entiendo por qué se enojaron cuando respondí. Tampoco me parece adecuada su respuesta, yo casi pierdo la vida aplastado y todo lo que me llevé a cambio es un ojo”.

Así pensaba Ricardito, el siamés violento, mientras el veterinario lo preparaba para la inyección letal.

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