25

abril 12, 2012 § Deja un comentario

Frena el colectivo y se arrima bastante a la vereda. Entonces sube despacio, por la puerta del medio, una pareja arrastrando una silla de ruedas enorme. La gente se aparta, mitad por dejar el espacio adecuado y mitad por asco. No vaya a ser que sea contagioso.

El colectivo arranca, y el pibe (tendrá unos quince años) en la silla se babea. Baba marrón, quizás habrá estado comiendo chocolate. Tiene un buzo, bastante manchado de baba, pero a la velocidad que se está babeando lo debe tener puesto hace no más de veinte minutos. Cada tanto, los padres le hablan, simulando que está consciente, y el responde aproximadamente, con una mezcla de gruñidos y palabras cortas. Cada tanto, se ríe y riega el piso y la ventana de baba.

Se libera un lugar cerca de ellos y me acerco. Los veo nerviosos a los padres, al pibe en su propio mundo. Charlo con ellos, les cuento que tengo un sobrino en la misma situación, se abren un poco. El critter nos mira y se rie desagradablemente escupiendo a todo el mundo.

– A vos te dicen 25, ¿no? – le pregunto.

– Hwdasda, naooo mie chamo Magtínnn, no vincicinco

– Ah, como te faltan 75 para el peso…

Y ahí me venía bien bajarme.

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