Piso 32

abril 6, 2012 § Deja un comentario

Piso 32.

Me abro paso por el salón y salgo al balcón, que da la vuelta al piso entero. A mis pies, millones de habitantes. Y decenas de metros.

Las luces dan una sensación de cobijo y hogar, me siento tranquilo, incluso alegre. La ciudad invita a recorrerla.

Pienso como sería, correr por el balcón, picar en la baranda blanca, saltar, desplegar mis alas y volar. Lástima que no tengo alas.

Pero la sensación está. Me gustaría. Mucho. Me tienta. Sudo, ¿lo voy a hacer?

Respiro profundo, sintiendo la presión en las costillas, y me arrodillo en el balcón. Me gustaría ser musulmán y saber hacia dónde está La Meca, para encomendarme.

Miro la baranda blanca, parece la de un barco. Redonda, baja. Tentadora.

Así, arrodillado y con la cabeza levantada, abro el rompevientos.

Me levanto e inclino el torso, me siento uno de los tipos que corren 100 metros llanos. Extiendo los brazos y agarro las puntas de la campera, donde está el cierre, que siento frío al tacto. Respiro hondo, retrocedo hasta la punta del balcón.

****Final 1****

Sopla viento, pero no siento frío, siento el calor de la excitación y la alegría recorriendo mi cuerpo. Y entonces corro, parece ser que durante minutos enteros, siento como si toda mi vida la hubiese pasado corriendo, siento la sonrisa que se dibuja en mi cara, llego a la baranda, pico en el tercer caño, la paso por encima y teniendo firme mi campera remonto vuelo hacia un universo maravilloso.

****Final 2****

Sopla viento, pero no siento frío, siento el calor de la excitación y la alegría recorriendo mi cuerpo. Y entonces corro, parece ser que durante minutos enteros, siento como si toda mi vida la hubiese pasado corriendo, siento la sonrisa que se dibuja en mi cara, llego a la baranda, me agarro con firmeza y siento un tsunami de angustia y tristeza invadiéndome. Me siento en el piso del balcón, melancólico. Me siento cansado, eterno. Me quedo dormido.

Luego de varias horas me despierto, contracturado, con mucho frío, un dolor de cabeza horrible y la sensación de haber fracasado. Todavía es de noche, y a mis pies la ciudad brilla.

****Final 3****

Sopla viento, pero no siento frío, siento el calor de la excitación y la alegría recorriendo mi cuerpo. Y entonces corro, parece ser que durante minutos enteros, siento como si toda mi vida la hubiese pasado corriendo, siento la sonrisa que se dibuja en mi cara, llego a la baranda, pico en el tercer caño, la paso por encima y teniendo firme mi campera remonto vuelo hacia un universo maravilloso.

Al día siguiente, se lee en los diarios la extraña historia del suicida sonriente.

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