marzo 4, 2012 § Deja un comentario

Les di pan.

Primero migas, después algunos pedazos más grandes. Cuando ya tenía 40 o 50 palomas alrededor, me fui acercando al baldío de enfrente, paso a paso, dejando migas e el camino.

En la semipenumbra de las sombras del atardecer brillaban sus ojos. Habíamos tramado algo y ellos esperaban, listo para cumplir con su parte.

Cuando llegué al centro del predio tiré todo el pan que me quedaba, y a la treintena larga de palomas que se había mantenido alrededor mio se agregaron algunas más.

La señal. 

Dos docenas de gatos salieron de la sombra, y cada uno hizo blanco en una paloma. Atontadas por las comida, apenas algunas pocas reaccionaron y escaparon lentamente mientras los felinos devoraban a sus hermanas.

Otro éxito rotundo. Faltan muchas más batallas, pero algún día exterminaremos a todas, y sé que ese día ellos vendrán contra mí. Pero no importa, porque ese día me habré librado de las ratas con alas.

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